viernes, 29 de abril de 2011

“VUELVO A MI ORIGEN, VOY HACIA MI ORIGEN”















Jaime Quezada


Texto leído en la Ceremonia Fúnebre de Despedida al poeta Gonzalo Rojas. Museo Nacional de Bellas Artes. Santiago de Chile, Miércoles 27 de Abril, y 2011.


¿Dónde andará el que dijo La miseria del hombre hace más de 63 años, en Valparaíso? Siempre lo dijo este Gonzalo que ella, la Poesía, es más grande que todos nosotros: La realidad detrás de la realidad, pero desde el relámpago.

En este otoño, otoño o mediodía de abril 2011, y en este tan ilustre-espacio, representativo de las bellas artes y la cultura de Chile, me es dado decir unas palabras ante el túmulo de Gonzalo Rojas, nuestro poeta necesario. No hubiera soñado este privilegio en un minuto tan aciago para las letras de nuestro Chile y de nuestra América, y para la lengua toda.

Desde la publicación misma de Contra la muerte (1964), uno de sus libros visionarios, Gonzalo Rojas —nuestro poeta en las alturas mayores de la poesía iberoamericana de hoy — marcó de inmediato un hito de trascendencia en el proceso poético chileno del siglo veinte. Puso en vigencia y proyección a un autor que desde entonces, y aun antes, había adquirido un compromiso de vida y de conducta con el oficio intenso de la poesía: aire en su invención alucinadora y creadora, pero también en su realidad viva, en el instante terrible y ardiente de cada cosa.

Todavía anda en nosotros ese aire libérrimo motivadoramente en el “somos escritores de Chile y no hay título mayor para nosotros que ése”, al inaugurar aquellos lúcidos, plurales, críticos y dialogantes encuentros de escritores nacionales e internacionales en la Universidad de Concepción –nuestra Universidad- en la década intensa del sesenta. Escritores ante el espejo lúcido de su oficio y ante el otro espejo doloroso, el de su pueblo: compromiso y responsabilidad, decía, cuando no llegamos a las médulas del hambre”.

Y todavía más: “Hemos venido a aprender mucho más que a enseñar” (que acaso eso fue por siempre también su acción y su lema permanente en la transparencia del rigor y el vaticinio, por que eso, lo permanente, en el decir de Hölderlin lo fundan los poetas). A aprender los unos de los otros, como bien dijo Gonzalo, en este diálogo que seguirá resonando mucho tiempo no sólo en un salón de honor, sino en el país todo y en una América toda. Fue su cátedra abierta y educativa siempre, en el aula y más allá del aula, en su alma Mater ejemplar y ejemplarizadora.

Nunca, ni por pienso, descuidó su viva y dialogante relación con los escritores todos de Chile, y con los jóvenes de entonces y con los jóvenes de ahora. Y desde muy temprano en la organización misma de la Sociedad de Escritores de Chile, que tengo esta mañana la honra de representar aquí con duelo profundo, institución de la cual formó parte activa nuestro Gonzalo ya cumpliendo tareas como Secretario General en su directorio, ya dejando su roba tiempo o su roba noche para las publicaciones de la revista de la Sech o de las célebres ediciones Alerce, ya en sus afanes y de manera esencial en aquel otro memorable Encuentro Latinoamericano de Escritores de agosto de 1969 en los Santiagos de Chile, en los Valparaíso y en los Viña del Mar. Ahí el compromiso del escritor y la función de la literatura. Ahí nuestro Gonzalo en su Concepción también con su cabeza abierta y pensante. Tareas muchas que la Sociedad de Escritores de Chile (“algo hicimos con lucidez y con coraje”) principal y eternamente…. le agradece.

Y pensando siempre en las nuevas generaciones, en los jóvenes poetas por venir: “Si estuviera en mí sembraría Chile y América de talleres y más talleres, de escritores y artistas a lo largo y a lo oscuro de sus parajes humanos más diversos, en una suerte de ejercicio con la realidad más ardiente y dolorosa”. Así, en nuestro Gonzalo Rojas, la literatura antes de ser un fenómeno estético era también un instrumento de construcción de nuestra América en el diálogo, en la lectura, en el libro, es decir, en el ejercicio creativo.

No en vano, y muy suyas, son esas palabras amadas en el esdrujulamiento y lo sensitivo del rehallazgo, del zumbido, del relámpago, materia y fundamento de su escritura: "Y voy volando en ellas, y hasta me enciendo en ellas todavía. Las toco, las huelo, las beso a las palabras, las descubro y son mías". Prodigio y vivacidad y transfiguración. Escritura, en consecuencia, iluminada e iluminadora desde el origen, tuétano adentro, en su Dios, en su eros, en su quejumbre y, en definitiva, en su estallido de mundo: sentido y sonido.

Así, La miseria del hombre, su libro hito y primero de 1948, será el inicio, con más o menos plazos, de una veintena de otros que enriquecerán, sin ego posible, su cada vez más admirativa y portentosa escritura poética, aun reconociendo que siempre se estará escribiendo el mismo libro, "libro viejo y libro nuevo al mismo tiempo”.

De La miseria del hombre (1948) a Contra la muerte (1964), de Oscuro (1977) a Del relámpago (1981), de Transtierro (1979) al Alumbrado (1986), de Materia de testamento (1988) a Réquien de la mariposa (2001), y todo en un cauce incesante que va y viene en un llamear esa palabra sin impostura posible, revelando a un poeta cada vez más crítico y congruente con su propia hondura, logrando visiones profundas de la existencia del hombre.

Porque la obra poética de Gonzalo Rojas, siempre tan vivencial y abismante, fundamenta y fija rigurosa, estética y armónicamente las vertientes temáticas de una escritura en su identidad y en su visión y que, a su vez, se irá proyectando de libro en libro, en su revelación de vida y de lenguaje. Además, lo resueltamente quevediano en el tratamiento del desenfado y del humor. O esa terca ironía, con su sátira y su farsa. A su vez, el amor-eros en toda su plena y exacta hermosura de qué se ama cuando se ama. O en la espiritualidad (lector atento de su Juan de la Cruz) de los sentidos o del arrobamiento en la dolencia de amor.

Entre estas vertientes o registros temáticos, Gonzalo Rojas nunca descuidó las circunstancias inmediatas en una poesía de transtierro (pasarán estos años cuántos de viento sucio) o de reflexión de lo humano-humano en las realidades y contingencias. La poesía como experiencia de vida, entonces, con sus "estrellas veloces y oscurísimas". Poesía fermental y vitalísima, sin duda. Y relampagueante y de respiro hondo. Para aprender a ver, a oler, a oír el mundo con su palabra, transida de ella: "No tengo otro negocio que estar aquí —escribe el poeta—, diciendo la verdad en mitad de la calle y hacia todos los vientos".

Recojo sus palabras, lecturas y relecturas diría, y las digo aquí como legado de reflexión, de conducta, de fidelidad y compromiso, de vida, y como pasión y búsqueda del absoluto de este Gonzalo Rojas en la literatura tan suya y en la historia tan de todos:

“No fui el hombre de la adhesión total y estuve lejos del sectario. Ni me instalé con negocio alguno en cuanto a ortodoxia. Al negocio preferí el ocio, como todos los poetas. Así y todo, luché contra la injusticia y creo haber colaborado en la construcción o la armazón de la Patria Grande. Por lo menos fui un testigo de mi pueblo y de mi tiempo. Alguna vez, allá por el 73 sombrío de los chilenos, pude haber desaparecido como tantos otros por orden de no sé quién, pero los dioses no lo permitieron. Alumbrado de mí, doy un salto hacia atrás y entro por un instante en el destello de la infancia. Lo que de veras amas, no te será arrebatado”.

Hablo en este instante –dije- en nombre de mis compañeros escritores. Hablo como muchos otros hablarían, y con menos títulos que muchos, en virtud de ese amor que Gonzalo Rojas nos diera y que tuvo eco en tantos. Le agradecemos, sencillamente, su gran amor y la grandeza que trajo a nuestra literatura. ¿Qué se espera de la Poesía sino que haga más vivo el vivir?

Ya todo estaba en la vislumbradora escritura de Gonzalo Rojas: Non omnis moriar: “no me moriré del todo, viejo Horacio querido. Pero me moriré como la abeja, la pobre abeja que zumba y que ilumina”.

Pero en verdad, también, el muy querido y amado Gonzalo, no nos deja. ¡Cómo podría dejarnos quien nos dio tanto! Está con nosotros y estará con estas y futuras generaciones. Su palabra poética modificó nuestro idioma y cambió el orden de nuestro corazón.

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera

nadie allá, voy corriendo a la materna hondura

donde termina el hueso, me voy a mi semilla,

porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas.

J. Q.

27. abril, y 2011

*

domingo, 20 de marzo de 2011

Martirio de San Felipe















Mártir del día: Leonidas Rubio


Leonidas en 1989 fue miembro del Taller de Poesía de la Universidad de Concepción dictado por Floridor Pérez. Fue compañero de Marcelo Rioseco, Mafalda Villa, Italo Nocetti, por nombrar a algunos. Su hermana, Cecilia Rubio, aún se desempeña como docente de nuestra desnaturalizada Alma Mater. Luego a Santiago, Rancagua, Machalí y Curicó. Al parecer, lo tendremos de vuelta para el Programa Acciona del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes

Comienzo a preguntarme Pero en definitiva que quiere tú, el loco? / ¿yo? / esta lengua entre cuatro encías / esta carne entre dos rótulas, / este pedazo de orificio / para los locos.

Leonidas nació en Curicó en 1970, por diversos motivos se nos acerca, se nos viene como las manchas de las paredes. Esta sesión es anterior a la perpetrada a Germán Estrada. Es una trivia, como le han bautizado a este martirio, para una hoja de poesía que entregamos en bares o dejamos en escaños de la ciudad. Labios de Zikuta es una hoja que se reparte gratuitamente y que confeccionamos junto a Leonardo Ojeda.

Los personajes como en una gran familia se entrelazan en la cama penquista, entramando una red que no sabemos a ciencia cierta en qué lugar nos terminará botando, en que fosa o en que ribera del Bío-Bío. Parece que algunos creen que siempre habrá algo que decir, que hacer y qué no hacer en pos de la vanguardia. Esta vanguardia vernácula, como bien dice Jorge Valenzuela, con que han configurado este pueblo provinciano, eterno postulante cosmopolita. Es esa la gran falacia que nos inventamos, es no decirnos a la cara lo que nos gusta y lo que no. No distinguir un hecho de una complacencia. Nuestra Señora de la Santísima Concepción con su sombra de San Pedro en medio del puente, este curso de río que está siempre a punto de desembocar, que por miedo a los extremos no hace más que acercarse al oeste, se disimula por la lluvia interminable. A veces se me olvida esta lluvia y creo que no es necesario convivir con ella. Que tal vez si no salgo, ésta pasará mañana y no estaré todo el día empapado. Pero es una niñería y debo asumir esta lluvia como tengo que asumir el río a medio secar. Ver la inmensidad de un río que nunca fue de éste pueblo hasta que lo secaron las represas transnacionales y que ahora el ridículo estado jura acercar a quienes le dieron la espalda. Los Concepciones no quiere hacerse responsable de un destino trágico: un equilibrista que no mira el suelo, intenta olvidar que la cuerda es apenas un riachuelo que no da cauce para contener un cuerpo cobarde negándose a caer en el mar. En Concepción como en Eyes Wide Shut donde una dice que una noche no es toda la vida y el otro ningún sueño es sólo un sueño, todos coincidimos en lo que quiere el loco de Artaud.

La primera vez que supe de Leonidas fue gracias a un librito en Kraft que se llamaba Cuadernos de emergencia, fue la única vez que, por aquel tiempo, sentía tener un compañero de ruta, No lo conocí sino hasta un encuentro latinoamericano de escritores que se realizó en el Centro Cultural de España en 1998.

Siempre hablamos de la escritura como un proceso en absoluto disociado de la música. Es por ello que, en contra del Ritual Romano, que ordena que la Extremaunción no se administre “a los impenitentes y a aquellos que perseveran contumazmente de modo manifiesto en pecado mortal”, comienzo este martirio invocando el Libro del Desasosiego:

Mi alma es una orquesta oculta; no sé qué instrumento tañe o rechina, cuerdas y arpas, timbales y tambores, dentro de mí. Sólo me conozco como sinfonía.

En no más de dos líneas asociar libremente

Autores

Rilke, Pessoa... de los chilenos Anguita y más Anguita... siempre vuelvo a ellos.... Paul Celan

Poesía

Una descarga genital

Concepción

Mi segunda patria, y conste que no existe la primera

Chile

Una costura larga

Juan Emar

Un acertijo que ya no me divierte tanto

Fulcanelli

El más poeta de los alquimistas

Serrano

Alguien contraindicado para mi presente

Elella

El andrógino eterno, mi integridad, la bisexualidad primordial

Universidad de Concepción

El lugar donde trabaja mi hermana

Rojas

Un viejito gaga

Saenz

No avanzo en él

Piedra negra

Por ella conoceréis todas las otras

Murmullo

Me gusta ese libro

Villablanca

Mi amigo invisible

Rosamel

Me aburre

Humberto

Tengo varios libros suyos

Imbunche

Forma inexplorada de mi naturaleza, región turbia, la caverna mágica, el ano integral, armonía del mamarracho

Generaciones

Una canción de Silvio que relata un acto de pedofilia

Pares

Nones

Acto creativo

Sólo lo hago por placer

Pessoa

Escribió inspirado en mí

Artaud

Me pesa conocerlo tan a fondo.

Carlos de Rokha

Un mito inventado por Lihn

Mafud

Un turco

Chile

Una costra angosta

Latinoamerica

Un país dividido

Gremios

No tengo

Juan Luis Martínez

Un hacedor de mapas que no encuentra el tesoro

Jung

Una vez que lo entiendes no hay marcha atrás. Me lo encuentro en cada gesto.

Muerte

Siempre listo

Sexo

Todo lo anterior y todo lo que viene. Yo escribo impulsado por el deseo.

Sueño

Tengo insomnio crónico

Realidad

Una fantasía casi verosímil

Vejez

Espero no conocer la mía

En no más de tres líneas asociar libremente

Vida o muerte

No entiendo una sin la otra

Sueño o realidad

De ambos hay que despertar violentamente

Gadamer o Benjamín

A salvo de ambos

Pessoa o Proust

Pessoa es más numeroso

Mártir o suicida

Son la misma cosa

Occidente u oriente

Oridente

Mar o rio

Mi infancia está pegada a los ríos: el Huaiquillo, el Maule. Mi despertar sexual fue en la desembocadura del Maule frente a laIsla de Constitución. Para mí era el remanso, el equilibrio. Las aguas ahí eran verde oscuro. Yo confiaba en ellas. Y por ahí entró el mar el año pasado. La paz era asesina.

Noche o día

Noche a toda hora

Juventud o vejez

Fausto

Rojas o Parra

El primer Rojas. Ningún Parra

Huidobro o De Rokha

Huidobro para empezar

Jung o Strauss

Zaratustra

Bombal o pizarnik

Cada una pudo ser personaje de la otra. Pero en mi velador siempre Alejandra

Místico o escéptico

Ciclos alternos de ambos. No confío en ninguno.

Mínimo tres sin máximo

Aún no lo he probado.

Y tá


Leonidas Rubio nació en Curicó en 1970. Siguió estudios de música, periodismo y ciencias jurídicas. En 1989 fue miembro del Taller de Poesía de la Universidad de Concepción. En 1990 fue becario de la Fundación P. Neruda y miembro del Taller de Poesía de esa institución. Ha obtenido la Beca de Creación literaria del Fondo del Libro y la Lectura en tres oportunidades. Se dedica a la actividad musical en forma paralela.

Ha publicado los siguientes libros de poesía:
“Cuadernos de Emergencia” (Santiago, Ed. Mosquito, 1994)
“Murmullo frente a sillas vacías” (Concepción, Ed. Simbiosis, 2001)
“Responso” (Opúsculo, Concepción, Ed. Simbiosis, 2002)
“Imbunche” (Concepción, Ed. Simbiosis, 2009)
“Piedra Negra” (Santiago, Ed. Mosquito, 2009)














Mártir del día: Germán Estrada Fricke


En Concepción existía un único lugar en el que estaba a gusto. Era el bar que producía un compañero del taller de poesía de la Universidad del Bío-bío, ese que hizo Warnken y Elordi hace más de quince años. Era una síncresis retórica, posmodernidad recargada que se desprende directamente del plagio. Un lugar hecho como placebo estético.

La ciénaga penquista absorbe todo, la Estética de la Humedad, como le llamo a las manchas que pueblan la obra y la vida de las gentes de la Concepción de Chile o como bien dice Estrada “el gris que anuncia la lluvia que tarde o temprano caerá”, ha devorado aquel lugar.

Desde el segundo nivel se veía el escenario y sus cables retorcidos. Las cajas y los micrófonos, cuerpos gastados después del sexo. Había un sendo grafiti con bordes delineados con negro. Figuras, cicatrices o costuras, esos dibujitos que uno hace cuando quiere mostrar un pirata con heridas de guerra. La imagen de Manuel Rodríguez y sus variantes inverosímiles. No sería raro verlo encamado con la Virgen del Carmen. Me desdoblo y vuelvo al Bar Del Frente, a la vista desde mi refugio: Si me siento no veo más que un cubículo, una especie de living familiar con algunos grabados y unos óleos. Hay una serie de esculturas en mimbre, se asemejan a unos monjes cartujos. Hay momentos que los miro, todos tienen su propia semblanza. Su carácter. De los primeros, el nihilista arrogante con su mirada fija en un punto definido. El que más me identifica es el que tiene la cabeza inclinada. No sé si reza o llora.

Termino ese viaje y camino por Prat, camino y me acerco de a poco a Barros, de ahí subo, paso por fuera de lo que era el Cariño Malo y no hay siquiera un rastro del pasillo plagado de fierros, de velas como estalactitas de tiempo, se sudores, de música y de pasos. Palmenia Pizarro impresa en los individuales de kraft, adolescente, me escondo de las miradas, un par de amigos bastan para sentirme en casa, Germán y uno de los hombres más agradables y talentosos que he conocido. Esta ciudad olvida fácilmente los nombres, pero algunos no. Jan el co-fundador de Quórum, sonidista, músico y oficiaba de DJ y co-dueño de Audiosur. Nadie se percataba de su silenciosa prolijidad, de sus tragos, ni de su pasar sin estar. Nadie recuerda su hablar alemanoso. A mis 16 años intentaba rescatar el tiempo, buscar lugares, sentir la música. Esa era lo que movía a Jan e imagino que era lo que buscaba Estrada. A Estrada lo veo con el sombrero de cuero café fusión de Cocodrilo Dundee e Indiana Jones y, por supuesto, su inconfundible voz. Habíamos sido compañeros de taller, él, Marcelo Rioseco y Jorge Valenzuela. Yo, apenas un imberbe, disfruté el espacio, que al tiempo Germán coproducía. Desde ahí nos fuimos encontrando. En Santiago nos topamos en Lastarrias y otra en un after clandestino. También fui a verlo al Soul, restobar ubicado a una cuadra del San Cristóbal. Un buen sushi y rico vino blanco para amenizar la conversa de una variada mesa de productores y músicos que brindó Germán aquella improvisada visita. Luego after del bueno.

Ahora ya varios gramos de tiempo, de negocios, de “divertidad”, en un rito lúdico convocado por Labios de Zikuta, someto a Germán Estrada a este Martirio de Sán Felipe


A: Hola Germán tenís un rato???

G: Hola Alfonso, dime

A: negro o blanco

G: ja

A: En máximo tres líneas asociar libremente, dale

G: No me hagai una encuesta ahora, estoy en un estado de descomposición espiritual

A: Mejor aún según Cioran, dío o noche??

G: Sabes que te voy a contestar sólo pa’ quedar en paz contigo, ya que no estás entendiendo que en este momento no estoy en paz yo.

En máximo tres líneas asociar libremente

Dos líneas no me alcanzan para contestar este test
Soy un drogadicto goloso, pueden ser dos líneas largas? O dos líneas para cada “item”?

Marcelo Rioseco
Mar Cielo Rìo Seco. Si este cuestionario, test, entrevista fuera de términos excluídos este sería el primero.
No es de términos excluídos e igual es el primero. Nada ni nadie me conforma.

Diversión
La divertidad es la pasta base de la cultura

Cultura
Me gustaría citar a Rodin hay cosas que son porque son sólidas, como la cultura y las tatuas.

Holanda
Recorrí en bicicleta la mitad de ese país. Aprendí holandés, a todos les decía Hola, como estaban todos drogados nunca me entendieron.

San Pedro de Atacama
Nunca iría a un lugar donde está prohibido bailar. Y conste que yo sólo bailo con fines sexuales.
Acabo de hacer desistir a la mujer que más he amado de ir allí, hay que venir al sur le dije…

Cristián Warnken
Este habría sido mi segundo término excluido. Pensé en escribir la vileza de pensar y me cayó una gotera en medio de la cama.
Será este gallo un ángel? Yo lo ví llorar. Será este gallo un demonio? Le hice muchos favores, un día le pedí uno, nunca lo volví a ver.

Poesía
Hubo un minuto extraño en que escribí dos palabras verdaderas. El hambre del poema lo devoró todo

Lluvia
La lluvia es una consecuencia de pensar mal de Cristian Warnken, Marcelo Rioseco piensa bien de él por eso su río está seco. Además es una de las principales causas de la locura en Concepción. No la lluvia caída, si no el gris que anuncia la lluvia que tarde o temprano caerá.

Patria
Si fuese una pregunta hubiese contestado: ¿me puede repetir la pregunta?
Patria, luz y bandera en las entrepiernas del universo.

Nacionalidad
Soy vasco mi verdadero apellido es Otxoa, en español Ochoa, que significa Lobo, pretendieron ocultármelo, dinamitaré todas las estaciones de tren hasta lograr la independencia de los vagones a los rieles de este mundo estructurado.

Guerra
El hombre contra si mismo. Una victoria sin sobrevivientes.

Terremoto
Un buen momento para probar la validez del código Bushido.
La irreversibilidad del tiempo es uno de los pilares de la teoría del caos, no me jodan, hasta la luz es destrucción sútil.

Cariño Malo
Había una vez un experimento consistente en asegurar la existencia de población fértil y legalmente apta para la sexualidad en Concepción para los años 2014 al 2016, post fin del mundo. El experimento era simple se trataba de estimular con buena música y abundante alcohol el apareamiento. Seguí impulsando este proyecto en diferentes lugares.


En máximo tres líneas asociar libremente
Sobre la binariedad y a modo de introducción a esta segunda parte. Kazantzakis dijo de la vía espiritual: Existen 4 estadios que ir superando para alcanzar la iluminación. El primero cuando el bien y el mal son contrarios. El segundo cuando el bien y el mal son complementarios. El tercero cuando el bien y el mal son lo mismo. Y el cuarto cuando el bien y el mal no existen. Hombre no soy un robot para que me pongan frente a esto, me obligan a tomarme más líneas. Mmm, dijiste tres líneas ah eso me parece bien, tres líneas es para profesionales, me gusta quedar cojo o trinario que le llaman…en el estado trinario, trino mejor…


Negro o blanco
El negro es el tono de la ausencia de luz, la luz es blanca pero está compuesta de todos los colores, los colores no existen son el default de una visión inexacta de la reacción química de la luz sobre la materia. La luz es materia en combustión, se ve blanca cuando llega aquí pero en su origen ya es negra. La luz es la nada viajando para alimentar nuestra ilusión. La luz es un error. Todo es un error si no fuera por las bellas mentiras del arte.

Charlie Parker o Mingus
Toronto Massey Hall , 1953 Parker y Mingus. Me gusta el saxo contrabajo.
Fé de erratas: Donde leyó saxo y pensó en sexo debió creerle a su intuición. Con trabajo siempre hay recompensa.

Río o Mar
Hay un poema de Bukowsky que se llama Hoy conocí un genio. El poema se trata de un viaje en tren donde un niño y Hank van mirando el mar por la ventana. De pronto el niño dice : el mar no es nada bonito!!! Y Hank dice algo así como: nunca antes lo había pensado, hoy conocí un genio. Fin.
Ese poema habla del mar y cada vez que lo leo…me río.

Música o literatura
Malva es entre las tumbas, / Hierba de los campos de Arganza…fragmento de un poema de Juan Carlos Mestre.
Música o literatura?


Dos o tres
Me piden que en tres linéas asocie libremente dos conceptos: el dos y el tres. En pleno ejercicio de mi libertad y solo apelando a la aritmetica basica, la numerología y la sexología, todo asociado claramente, propongo: 2+3=5, 2-3=-1, 3-2=1, 2x3=6, 2:3=0.66666, 3:2=1.5, 2 y 3=23, 3 y 2=32 ambos casos suman 5, 5 es un buen numero de amantes para tener 2 días libres para juntarse en la semana con amigos poetas y borrachos.

Café o chocolate
1-.Café tomaría ahora para pasar el frío y espantar la soledad si no me quedara droga, pero me queda.
2-.El chocolate está en mi velador, un lindo velador herencia de mi amigo Horacio, el chocolate es de ella y ella amaría venir y derretirlo en mi café.
3-. Volver al punto 1-.

Día o noche
Tuve esta discusión por teléfono alguna vez con un amigo que estaba en Tailandia mientras yo estaba en Chile.
Luego leí a Blaise Pascal y comprendí que en un nivel dado de discusión lo contrario de una gran verdad es otra gran verdad.


Bar del frente o Roomba
En el Bar del Frente le confié la administración del dinero a un socio inescrupuloso que dijo cuidaría de mis intereses para que yo pudiera dedicarme a producir un buen lugar. Me equivoqué.
En Roomba que ya era un buen lugar, mi casa, le cedí la administración de mi vida a una socia escrupulosa que dijo estar enamorada de mí. Me volví a equivocar. En resumen soy un tarado con habilidades claras para divertir al mundo.


Derecha o Izquierda
En política depende de cuanto paguen por mi silencio.
En mi barrio dos formas válidas de matar el tiempo dando vueltas a la manzana.

Ciorán o Jodorowski
Les habría dado como penitencia leerse el uno al otro para mitigar sus egos. Me daré la licencia de la cuarta línea en este “item”.
Cuando pequeño según mi modelo de familia bien constituida, con mi hermano invitábamos a mis primas y vecinitas a jugar al papá y a la mamá y decíamos: juguemos a Cioran y Jodorowsky? Entonces nosotros como héroes desencantados nos poníamos a lanzar diatribas sobreactuadas y poéticas sobre el complot del universo para destruirnos y ellas con todas sus triquiñuelas psicomágicas nos reencantaban.

Jung o Levi-Strauss
Soy simbolista, creo en el rito, creo en el saber acumulado como síntesis y transmitido silenciosa e inconscientemente por los genes, creo en el acto de poder que revela la realidad mágica de los arquetipos. Pero estoy absolutamente consciente que los pueblos llamados salvajes poseían 20 mil palabras sólo para designar los cambios de las plantas, flores y árboles. El lenguaje es símbolo. Además de eso, Julio Jung y los Levi’s 505.


Germán Estrada o Negro Pésimo
Objeción su señoría. Pessoa tuvo muchas más opciones.
Durante mi vida he sido Curiche, Wamba, Sombra, Calígula, bollo de maqui, mojón de pelé, torreja de túnel, stravinsky, oscuro, blacky, algido cara blue, negro, maldad, germal, negro malo, germán estragos, poeta, germen, negro ultra malo, estrada freak, el malo, negro pésimo, siempre germán estrada fricke hasta que supe que era germán ochoa fricke y dudé un rato y seguí siendo estrada, y todos estos ápodos, seudónimos, epítetos alternados de “mi amor” y “el conchetumadre” por mis novias y esposas, actualmente todas sin excepción ex novias y exesposas, y en mi familia de germancito y Marcelo porque ellos saben verdaderamente quien soy y seguramente jamás leerán esto y si lo leen pensarán que no fui yo quien lo escribió.

Martir o verdugo
Verdugo de mí mismo, de mi pequeñez, de mi ignorancia, de mi imbecilidad, mártir de mis excesos, de mí soberbia, de mi sed incontrolable de poder y conocer. La guillotina es un instrumento recomendado para estos casos ya que se puede accionar la cuchilla soltando el cordel sin moverse de la cómoda posición del que está a punto de ser ejecutado.



Creo que llegué a conocer mucho más a mi entrevistador gracias a sus preguntas de lo que el verdaderamente obtuvo de mi.
Aunque quizás leyendo entre líneas como yo acostumbro a hacerlo, se pueda vislumbrar algo.
Yo le advertí que estaba pasando por un mal momento como siempre y el insistió en seducir a mi vanidad. Sólo espero que sea publicado íntegramente para poder conocer alguna vez en mi vida la palabra: arrepentimiento.

sábado, 8 de enero de 2011

MI PERSONALÍSIMO DUELO POR GONZALO ROJAS








Leonidas Rubio


Nota: No me hago responsable de lo declarado en este texto. Me encuentro bajo locura temporal.



Viví en Concepción durante 1989 y 1990. Si bien yo estudiaba música en el Conservatorio de la Universidad del Bío-bío, estuve siempre involucrado en la actividad creativa e intelectual de la Universidad de Concepción donde mi hermana era estudiante de Magíster en el departamento de Español. Ella es actualmente Doctora y académica en la misma facultad de Lenguas. Como es sabido, don Gonzalo fue académico de aquélla y Director del Consejo de Difusión Universitaria hasta que en 1970 pasó al servicio diplomático en el Gobierno de Allende y luego al exilio.



En 1990 fui integrante del Taller de Poesía de la Universidad de Concepción dirigido por Floridor Pérez. Por estas vías la presencia de Gonzalo Rojas era asunto tutelar en mis quehaceres iniciales como escritor y poeta de oficio, que no de profesión, si es que existe tal. Ese mismo año, 1990, don Gonzalo fue el eje gravitatorio de un Encuentro Regional de poetas en la Universidad y fue nombrado Profesor Emérito del Departamento de Español. En esa calidad, su voz, opinión y figura eran influyentes en Lenguas, si bien ya no daba clases presenciales. Me acostumbré a verlo en los pasillos pero hablé pocas veces con él. Debo reconocer que me producía lo que en Derecho se conoce como “temor reverencial”. Era carismático, de modales histriónicos pero elegantes. Se sabía centro de atención permanente y no sé si le era cómodo. A veces era rígido y algo huraño. Su sentido del humor era punzante, más bien sardónico. Era un hombre de grandes lealtades y también de grandes odios. Nunca lo vi genuinamente interesado en la actividad literaria de los jóvenes. Su apadrinamiento literario era buscado con desvergonzado oportunismo por muchos que no vale la pena nombrar. Hay uno que se hizo célebre por su falta de escrúpulos, actuando de improvisado lazarillo del maestro, adelantándose a sus pasos para abrirle la puerta y tropezándose para llevarle el maletín. Creo que Don Gonzalo se rindió por cansancio y alguna vez desgranó palabras elogiosas a este poeta, que por lo demás no es un mal poeta. Pero el Viejo sabía hacer las cosas de tal modo que la verdad siempre cristalizaba. Encontraba el modo de dar pistas cuando no era sincero sin perder la ambigüedad caballerosa. Era egocéntrico en niveles superlativos, pero sabía serlo con agradable fineza. Por lo mismo era siempre disidente de algo, siempre insobornable y terco. Seguramente habría sido un complicado embajador en Cuba, toda vez que en su breve paso como encargado de negocios en la isla llegó a experimentar la misma percepción que Jorge Edwards relata en su Persona non grata, libro que don Gonzalo llamó “pieza mayor del memorialismo chileno”. No obstante no le desagradaba jugar, entre otros roles, el de ícono de la izquierda penquista, si bien me consta que desechó ofrecimientos de militancias visibles causando decepción en no pocos. Compensó esas quejas con una actividad política periférica y sutil pero no menos teñida de esteticismo demagógico. Le gustaba leer su poema a Miguel Enríquez y recibir el aplauso fácil de los jóvenes. En cambio en las ceremonias lo fui viendo cada vez más encorsetado. Con frecuencia pensé que estaba harto de tanto homenaje doméstico. No por nada se fue restando a ellos y a mediados de los 90 ya se le veía poco por los pasillos de la U. de Concepción.



Esto ya lo he contado pero viene al caso por última vez: en 1990 compré con sacrificio un ejemplar de “Del Relámpago”. Lo leí en forma compulsiva hasta el amanecer y a medida que la lectura avanzaba se iba haciendo más intenso en mi cuarto el olor a mar que envuelve Concepción y se cuela por todas partes cuando va a llover. Me pareció extraño porque cuando me recogí, la noche estaba estrellada. La poesía de ese libro era lo más intenso y veraz que yo había leído hasta esos 18 años míos. El ritmo, la atmósfera, el repertorio conceptual de ese libro me tomaban por asalto a cada línea. Ya había leído a Anguita y le admiraba pero me incomodaba su catolicismo. Tenía también una antología de Díaz Casanueva pero aún no lograba entrar en la hondura y oscuridad de su palabra. Nunca fui –y de seguro jamás seré- nerudiano, salvo las Residencias que algo me habían estimulado con su prosodia pegajosa, pero nada que se quisiera colar en mi sangre, en mi emoción y en mi palabra como lo hacía este libro. Era una sensación parecida a la que me daba la música, el jazz fusión y la canción de trovadores contemporáneos que yo escuchaba con fanatismo por aquella época. El equilibrio entre compromiso social y libertad de conciencia, entre erotismo y trascendencia, entre metafísica religiosa y escepticismo inteligente simplemente me dejó boquiabierto. Junto con ese peso conceptual estaban la geografía y la biografía viva, el tino infalible para insertar lo anecdótico, las fechas y lugares, los nombres y episodios, sin que el texto desmayara jamás. Yo siempre he sido un sujeto demasiado de piel, vicioso y ocioso en grados abusivos, que puede dejarlo todo tirado por una canción hermosa, un paisaje o la compañía de alguien que me parece deseable. A la vez, rehúyo el ruido y la multitud y vivo ansioso de los espacios íntimos y mi verdadera identidad está cifrada en secretos. La lectura de “Del Relámpago” me hablaba de todo eso: era el deseo y el placer de puerta cerrada, la locura y la rabia, la tierra y el cielo, la música y el verbo tal y cual como yo lo sentía y como yo quería seguirlo sintiendo: era el suspenso de la porfiada pequeñez en la que uno siempre se percibe eterno. Nunca había sentido tanta identificación con una lectura, salvo talvez mi experiencia a los 14 años con Demian o algunos pasajes de Zaratustra. Pero aquellos eran aún demasiado teóricos como operación del texto, demasiado planificados como relato o filosofía que son. La lectura de “Del Relámpago” me trasmitía la espontaneidad y la humanidad de alguien que más que escribir la idea, la estaba respirando, murmurando a mi oído. Si alguien me podía hacer sentir eso con un poema, mi ocupación será, me dije, de aquí en adelante buscar el modo de convocar esa misma sensación en los otros, cuestión que no daré por posible sino hasta que mis textos me lo hagan sentir a mí, desdoblarme y verlos como un secreto de otro que me habla al oído. Ni siquiera tengo memoria exacta de cuando escribí mi primera “poesía”. Pero es ahí, a los 18 años, con la lectura del libro “Del Relámpago”, que me sentí llamado a entrar en las palabras como cosa propia, y ya no me interesó nunca más escribir “poesías” sino escribir vida. Esa experiencia se me grabó con un hecho aparentemente fortuito pero que he jugado a retener en mi memoria como una revelación numinosa: cuando terminé de leer el ejemplar y repasé varias veces las últimas líneas:



la realidad detrás

de la realidad pero

desde el relámpago



así, con su diagramación rectangular y frágil, como nadando perdidas en una página sin título, en ese momento en que redistribuía las 3 líneas poderosas con alternancia de vocalizaciones en mi asombrada murmuración de adolescente desquiciado, no hago más que apagar la luz para intentar conciliar el sueño cuando sobreviene el potente trueno, seguido de un relámpago que casi sentí chasquear en mi propia ventana. El aguacero penquista continuó salido de una orquesta invisible que tocaba para mí todos los formatos: las guitarras eléctricas del rayo, los bronces de las hojalatas en los techos, el arpa y los teclados de las gotas de diverso calibre. Me aplacó una felicidad angustiosa y entre risa y llanto atorado me dormí esperando un acabo de mundo.



Don Gonzalo tenía giros insospechados que daban pavor. Una vez en Talca lo fui a saludar después de una lectura. Algunos jóvenes lo rodeaban para que le firmara libros recién comprados. Yo llevaba conmigo mi atesorado ejemplar de “Del Relámpago”. Me puse junto a él sin esperar que me reconociera después de tanto tiempo. De pronto me dijo sin mirarme “¿y ese libro?”. Le respondí “Es mío pues”. Me miró con severidad, me arrebató de las manos el ejemplar y lo firmó diciéndome: “¡Ahora es tuyo!”. Remarcaba las palabras casi paladeándolas. Me dijo luego, “Saludos a tu hermana, esa chiquilla inteligentísima”. Y caminó como recién bajado del Olimpo.



Con los años vi caer a mi maestro desde ese firmamento de honor en que me lo habían situado la naturaleza en alianza con su palabra. Lo vi chochear y dar la lata mil veces con las mismas historias. Con la aparición de “Río turbio” tuve la sensación de una traición personal. No sólo por el humillante tratamiento de su relación con Mafalda Villa sino por hacerse patente en aquel volumen el uso de trucos y muletillas que delatan su escritura mayor pero que son ya una especie de estiramiento forzoso y remedo de sí mismo. Allí donde “Del Relámpago” fluye “Río turbio” se estanca, donde el primero brilla el segundo se empaña, donde el primero desatora misterios el segundo los retuerce y empobrece. A Mafalda la conocí en el taller de la Universidad el año 1990, en la instancia que ya he citado. Hasta ahora no entiendo que don Gonzalo no haya podido medir su afán de venganza despechada con su autenticidad de artista y haya sido capaz de hacerle ese fastidio, no digamos a una persona en particular, sino a su propia trayectoria y lo que es peor, a la poesía universal. Que describiera de modo tan burdo, con un texto plagado de cacofonías, las posiciones amatorias en la cama china aquella y perpetuara versos tan penosos como “yo andaba en la edad de los patriarcas / intacta sin embargo la erección”, era una afrenta a lo que yo había vivido con su lectura. Hay cuestiones que escapan a lo comprensible para mí, como el hecho de que donara su biblioteca personal a la Universidad Andrés Bello y no a la de Concepción, en la que sirvió y de la que se sirvió para provecho mutuo. Me declaro perplejo. Conozco de fuente directa varias historias de entredichos aún más sospechosos, intrigas y mezquindades que harían estragos, pero tengo pactos de silencio que incluso un bruto deslenguado como yo sabrá respetar siempre. Por cierto, al saberlas y cotejarlas con sus últimas obras me sentí estafado y creo que lo odié por bastante tiempo. Su vejez y su silencio de los últimos años me devolvió al ser humano tras la circunstancia y su enfermedad reciente me habían hecho retomar lo permanente, el maestro que fue una vez para mí. Ahora su partida física me da ese estado de decantación sabia y reposo de ánimo que produce la muerte de un padre contradictorio, afectivo e hiriente, aleccionador siempre, por la omisión o por la obra. Muchos hemos perdido algo pero reconozco que yo le echaba de menos desde mucho antes. ¡Cuánta falta me hizo en vida! Nada que la muerte vaya ahora a agravar. Todos vimos como se alejaba en la misma medida que se fue volviendo una institución. Los poetas de Concepción irán, (iremos, en muchos sentidos me incluyo en esa República poética) haciendo nuestro filtro y nuestra procesión interna ahora. Algo de nuestras historias cierra un capítulo también y no se diga como se suele decir, que para muchos ya estaba cerrado. Así para mí, para Cecilia, para Mafalda, para Alexis, para Jorge, para Alfonso, para Marina habrá un saldo y cada cual tendrá en mente su propio epitafio, ya que él nunca supo escribir bien el suyo. Sea cual sea, que nadie mienta ahora negando que una vez lo veneramos.